miércoles, 11 de junio de 2014

MISTERIOSA MUJER

Sentir una atracción casi perversa, y no poder tenerlo!! Arder a diario....querer saborear lo lejano, internarme en recuerdos vividos, pero sin contacto!! Hoy me siento en llamas cuando empiezo a recordar a aquella mujer y fue así. 
Una noche cualquiera me la pasaba fumando un cigarrillo, buscando ciento de veces que la oscuridad fuera mi acompañante infinita. 
Me fui a una disco a bailar, tontear solo...Cuando mis ojos se encontraron con unos labios rojos que centellaban deseo. El sudor que caía en su piel morena, que no daba por lamer cada gota que caía entre sus tetas. 
Me desordene el cabello y le sonríe. 
Ella se mordió el labio, y con su mano me dijo que fuera. 
En un segundo estaba allá, me lamió unas palabras en el oído, que fueron exactamente así: ¡Follame!
Bueno, la oscuridad ya no sería solamente mi compañía. 
Me trastorno su lengua en mi cuello y que de nuevo me repitiera: ¡Follame de una puta vez!
Le tome la mano, la saque del ruido incendiario. 
Aun sudaba, y esa polera que llevaba con un escote pronunciado me tenía los pelos de punta. Me sonreía a todo momento.
Ya cuando ibamos por un callejón oscuro, me abordo y dijo: No aguanto más, follame ahora!!  Me quito el pantalón con destreza, se quitó la ropa interior, detrás de unos basureros, se dio vuelta, se empezó a subir lentamente la falda, me ofreció su glorioso trasero y hablo otra vez: 
¡Quiero que me folles por atrás! Se inclinó un poco,  me regalo su gran trasero y luego prosiguió: 
¡Escupe un poco en él, lubrícalo bien, lámelo, que en seco me puedes romper!
E hice lo que la dama me pidió. 
Mi cabeza daba vueltas,  metí toda mi lengua en su culo, ella se retorcía de placer, gritaba, chillaba, gemía como una zorra. Su mano busco mi cara,  lentamente me levanto, para que pronto estuviera palpando mi miembro, y sin chistar, ya la había penetrado por completo. 
 Empezamos el vaivén favorito, al ritmo de una lejana y exquisita música, le daba en su culo, ella se apretaba más a mí, comenzó a sudar copiosamente.
Al fin pude lamer cada gota que caía de su cuerpo, la bese profundamente.
Se movió nuevamente, saco un condón, me lo puso, yo solo miraba, porque la mujer sabía lo que hacía. 
Tomó mi mano,  metió un dedo en el agujero de su sexo, me miró fijamente y dijo: 
¿Sientes lo mojada que estoy? No respondas, sé que lo sientes... ¿Qué esperas entonces para metérmelo? Encájame bien, dame bien duro. Mírame como un objeto sexual nada más, y si quieres puedes darme una que otra nalgada, pero follame duro.
Se dio vuelta nuevamente, y la penetre como nunca, me volví un salvaje, no me importo nada, hice lo que me dijo, la golpee bien duro en el culo, hasta que llegaron a arder sus nalgas. Se quejaba gustosamente, y me gritaba: 
¡Más adentro, más fuerte! 
Y yo endemoniado, se lo metía una y otra vez. 
Cuando sentí que iba a explotar, ella me empujo. 
Y me dijo: ¡Bien, fue un gusto! Se puso la ropa interior, se bajó la falda,  salió caminando tranquila.
Y yo quede en esa callejuela, con mi pene al aire, duro como piedra mirando cómo se marchaba. 

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