martes, 1 de julio de 2014

ÁNGEL Y DEMONIO

Se puso sus pantis hasta el muslo, tocando el encaje que apretaba sus muslos de fuego, endiosaban su imagen divina, era un completo pecado desde el día en que su cuerpo comenzó a desarrollarse, los hombres siempre la miraron, pero ella nunca quiso a los chicos, siempre quiso a las chicas, a pesar de que su fuego resultaba difícil de aplacar. Vestía estas pantis desde joven, porque le encantaba ser la fruta más apetitosa dentro de su grupo de amigas. De principio todo era por juego, sus amigas y ella tocándose inocentemente, mientras que ARIELA pensaba en lamer vaginas como por deporte, su lengua cada vez se hacía más experta y se autodenominaba la “Come coños”. 
Se puso su mejor vestido y salió en busca de hembras, era una cazadora nata, sabía de sobra que en su cama nunca dormiría sola. Una noche, una chica. Ese era su plan todos los días, no le aburría, porque lo veía como una profesión nocturna, pero su gran paga era el placer que conseguía de aquellas “Tontas chicas soñadoras” solo dos veces se acostaba con ella en un mes, no gustaba de comer siempre la misma piel, no podía ser de nadie. Disfrutaba de pasiones esporádicas, a la mañana siguiente las despachaba temprano, y a la noche o era la misma u otra. 
Se sentía como el tipo del perfume, buscaba siempre un olor más glorioso que el anterior. Aunque una vez se dejó encarcelar por una mujer mayor que ella, su sexo olía a un durazno jugoso. Estuvo a punto de perder la cabeza, pero recordó que ella pertenecía a las nuevas sensaciones, aunque hasta el día de hoy no podía sacar de su cabeza a aquella mujer que le enseño la maestría completa de esa lengua de fuego, que podía hacer venirse a cualquiera en unos segundos. 
Saco un durazno, lo olió y le dio un mordisco, su cuerpo se electrizo y pensó: Durazno, el olor de mi dulce amor ¡Pero no nací para amar, nací para follar! Guardo su dildo grande en la cartera, se puso su chaqueta de satín negro, sus high heels aguja y se internó en la inmensidad de la noche, entro a una disco con el nombre en neón. Siempre un lugar diferente, una chica diferente. Sabía de sobra que la conocían en la mayoría de los sitios, pero vivir en una ciudad tan grande le daba la garantía de que podía seguir siendo una sombra misteriosa y desconocida. Entro, fue al baño privado, saco una pastilla y al tiempo sintió los efectos del éxtasis. Exaltada, fue a danzar a la pista sensualmente, no buscaba, ellas llegaban al ver una figura escultural en un vestido ceñido color rojo, labios mortales, ojos verdes intensos, tez blanca, pelo negro azabache. Era una bendita diabla deseable por el mismo cielo, comenzó a tocar su cintura de avispa, sus muslos y dejo entrever las ligas. Una chica igual de drogada se le acercó, pequeña, rubia e inocente. La inocencia la cautivo, la miro, se pegó a su cuerpo, a sus senos contoneantes, se refregaban, se erectaban. Una necesidad enfermiza por aplastarse, rozarse, comerse, lamerse…
Las manos hicieron lo suyo. La chica inocente, meneo su rubia cabellera, le dio la espalda y le refregó su fino trasero en el sexo, presiono en su sexo. Las manos de Ariela comían los gruesos pechos que se le entregaban, los apretó con furia, bajo hasta el sexo de la chica, en unos segundos se fueron al baño, se pegaron unas líneas…mientras la rubia halaba, la diabla metía las manos en las bragas de la otra. La chica se subió en el lavabo, abrió velozmente las piernas y ante los ojos de Ariela se presentaba una vulva fina y estilizada, sin bellos, blanca y rosa en su interior. La vio como una fruta y se embriago con el aroma que expelía, hasta sus jugos eran de un sabor dulzón. Su clítoris era ínfimo pero gratamente estimulante. La abrió como si fuera una flor, recorrió con las yemas de los dedos los labios interiores y la chica solo deseaba ser besada, pero Ariela se tomaría su tiempo con cosa tan exótica que se le brinda, se levantó. Le quito la polera para dar salida a dos senos protuberantes, pezones claros y puntiagudos, posó sus labios, los mordió suavemente, se quitó el vestido, quedo en pantis, ligas y high heels. La pequeña como si se tratara de un premio tomó los pechos de Ariela, los metió de lleno en su boca como pudo y su mano bajo hasta el trasero de ella, pero Ariela nuevamente le indico que se subiera y abriera bien sus piernas. Empezó a meter un dedo en la abertura, acerco su oído y gimió al escuchar el sonido que esta hacía al contacto de su dedo que se internaba cada vez más adentro, luego lamió, el sexo se hincho, tomó su cartera, saco el dildo doble. Se lo metió a la rubia y esta empezó a gemir como una loca. Ariela le quito el juguete de su sexo, no la dejaba terminar. Se sentó ella y la pequeña le comió el coño salvajemente. Cuando Ariela sintió que estaba bien húmeda, bajo, le indico que se sentará en cuatro patas en el suelo, y ella hizo lo mismo, tomo el dildo, lo introdujo en la vagina de la chica y luego en el suyo, comenzaron una danza chocando con sus traseros, penetrándose sin descanso y gimiendo en sintonía, gemidos, sudor, golpes fuertes al chocar las nalgas, sus senos balanceaban. El cielo y el infierno follándose. La rubia y la morena, el bien y el mal, la inocencia y la perversión, el ying y el yang bailando la misma melodía diabólicamente angelical. Sus cuerpos excitados, follados por el empuje de ambas fuerzas se tensaron, gimieron, gozaron y descansaron. La diabla al frente del ángel. Ariela le introducía nuevamente el dildo celestial y se incorporaba para ingresarlo en su sexo, haciendo fuerza para que entrara de lleno en sus delicias, sus manos apoyadas en el suelo, desde esta perspectiva cada una podía ver sus caras entregadas al placer, sus senos saltando, la boca entre abierta para dar paso a otro sinfín de sensaciones orgásmicas.
placer, deseo. la diabla y el ángel...Se sentía como el limbo de la lujuria eterna.

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